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Esperaba en la biblioteca, Lilith me habia avisado que mi padre queria hablarme y conociendolo, sabía exactamente que querria. Matrimonio. Llevaba semanas insistiendo con que era mi deber como hija, y unica, el contraer matrimonio con algun candidato de los cuales él me proponía; e insistiendo en que me borre de mi cabeza la idea de contraer matrimonio por amor, la risotada que soltó cuando se lo propuse dejo en claro que nunca lo habia siquiera considerado.
-Hija mía-dijo su voz cortando mis pensamientos, me levante y espere a que tomara asiento en su lugar en el escritorio
-Padre, ¿Para que me has llamado?-pregunte sonriendole, lo miré fijamente para ser un hombre de 45 años, estaba en perfectas condiciones, su pelo negro con algunas canas reflejaban su edad pero sus profundos ojos verdes denotaban seriedad y determinación
-Si, Jillian-hizo una pausa como evaluando sus palabras-¿Has pensado en lo que hablamos? Tu presentación en sociedad será la semana entrante-me observo fijamente, yo le mantuve la mirada. A veces entre nosotros escasean las palabras, él sabia exactamente lo que pensaba respecto a todo el tema.
-Claro que eh evaluado el tema, padre. Pero sabes más que nadie mi postura. Opino que la mujer tanto como el hombre debe contraer matrimonio solo si está enamorada, y el amor no nace de un día para el otro-declaré cruzándome los brazos, la falda de mi vestido rojo rozo el suelo con sequedad cuando me senté-Me siento atrapada y sin salida, y tú que deberías entenderme optas por querer casarme me guste o no-refuté frunciendo el ceño
-¡Ay, hija de mi amor!-se lamentó mi padre, negando con la cabeza-¿Acaso no ves que lo hago por tu bien? ¡Eres hija única y tu condición no me permite heredarte mis bienes, debes casarte!-me volvio a repetir
-Odio las leyes que rigen-me quejé en murmuro, mi padre me miró al oirme decir eso y no pudo reprimir una leve sonrisa-Encima no hay caballero que conozca que aunque sea me agrade-añadí
-Eso es porque te empeñas en no querer contraer matrimonio, pero te advierto-su tono cambio drásticamente-Tienes tiempo hasta tu primer noche de presentación para darme un nombre, o señorita se casara con Lord Wolfman.
Lord Wolfman, era sin lugar a duda el ultimo hombre que pudiera yo elegir. Creído, arrogante, bastante mayor que yo, pero eso no molestaria tanto como su fama de galán empedernido, que constantemente cambia de amantes, aunque no estoy presentada en sociedad no se me escapan los chismes, cada tarde en la casa de mi amiga Jane cuando vamos a tomar el té, es inevitable ponerte al tanto de lo que acontece en la sociedad. Pero tengo una semana para darle otra opción pero tiene que ser igual de buena, Adam (el nombre del Lord Wolfman) es alguien que no le interesa contraer matrimonio, sino es por un negocio productivo, lo cual me causa una particular repugnancia. Pero si mi padre decidía casarme con él no podría oponerme, sé muy bien el poco valor que tiene la palabra de la mujer en estos días.
-Entendido-dije luego de un momento de meditación-En una semana te diré que decidí, ahora si me disculpas me retiraré a mi habitación-saludé educadamente levantandome me retiré, se podría decir que casi corrí escaleras arriba para encerrarme en mi habitación, no llame a la doncella esa noche. Me recoste dispuesta a no casarme con ese hombre, pero el problema radicaba en como encontrar al hombre correcto sin que terminara resultando peor que Lord Wolfman.
La semana transcurrío sin apuros, hasta el viernes. Cuando bajé las escaleras quede petrificada al llegar al final de la misma; parado y charlando amistosamente con mi padre se hallaba Lord Wolfman, al verme ambos hombres inclinaron su cabeza, luego del saludo fulmine a mi padre con la mirada, el plazo había llegado a su fin, y si bien no tenia aún intenciones de ser la mujer de ese señor tampoco habia encontrado una segunda opción.
-Srita Lookwood-dijo el Lord tomando mi mano y besándola, sonreí gentilmente aunque su tacto me produjo unicamente un puro y singular rechazo-Justo estaba diciendo a su padre, que me complace mucho llevarla al teatro a Ud. y a su doncella, por supuesto-añadío sonriendo, sus ojos grises me miraban como analizando cada centimetro, por un momento me senti completamente vulnerable, cuando volvi la mirada hacia mi padre, éste me miraba como advirtiendome que iría a esa cita quisiera o no.
-El placer será todo mio, Lord-dije con el tono más amable que pude, aunque mordí mi lengua mientras inclinaba la cabeza. Pensar que una tiene que ser una dama aún con un hombre que no se merece una.
Cuando estuve lista, con doncella y todo, el carruaje nos esperaba en la entrada de mi casa, llevaba puesto un vestido verde musgo que resaltaba mis ojos del mismo color, el pelo negro recogido con algunos bucles cayendo sobre mi pálida piel.
-Sencillamente hermosa-dijo el Lord cuando subí al carruaje
-Gracias, Ud. tampoco se queda atrás-añadí sonriendo, la cena, el teatro, el paseo, todo fue inaguantable, él queriendo ser el caballero perfecto y por mi mente lo unico que pasaba era la lista de sus amantes junto con cada anecdota.
-Srita, creo que ha llegado la hora de que la devuelva a su hogar-dijo ayudandome a subir al carruaje. Le dí las gracias y en unos 15 minutos estaba tocando la puerta de mi hogar, el Lord pidió hablar con mi padre, por lo cual opte ir a escuchar en vez de irme a acostar.
-Señor, su hija es realmente toda una dama, me deja deslumbrado el buen trabajo que ha echo con ella. Solo tengo una duda-su voz iba disminuyendo, por lo cual tuve que apoyar con más énfasis mi oido en la puerta-¿Es ella virgen?-cuando oí esa pregunta no pude creer, el descaro de ese hombre. Esperé a la respuesta de mi padre, la cual no tardó en llegar y sonó firmemente creíble.
-Por supuesto, nunca dude de las castidad de Jillian-afirmó. Sonreí un momento pero luego enojadísima subí a mi cuarto, mientras mi doncella me ayudaba con el vestido y a peinarme para recostarme no podía dejar de pensar en la pregunta, ¿Es que acaso se puede pretender casta a una mujer cuando él vivió todos los amores y enredos posibles? ¿Sería capaz de devolver a su mujer porque ésta no fuera virgen? Así como una vez leí,
"Y cuando las carnes,
te sean tornadas,
Y cuando hayas puesto
en ellas el alma
que por las alcobas
se quedó enredada
entonces, buen hombre,
preténdeme blanca,
preténdeme nívea,
preténdeme casta."
Creo que para poder exigir algo de la otra persona, una debe serlo. Nunca entenderé porque las cosas son así, porque la desfachatez de los hombres se olvida y la de la mujer se castiga.
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