No sé que hacer, peor aún, no sé que quiero hacer. Estoy en un momento donde miro para mis lados y siento que algo falta, que tengo que hacer algo y lo olvidé ¡¿Les pasó alguna vez?! Es horrendo, incertidumbre del hoy, lo cual es MIL veces peor que sentir lo mismo respecto al futuro que es algo muchísimo más lógico.
Aún no entiendo que busco, que me planteo, y es ahí donde comienza esta rueda sin fin de mil sentimientos entremezclados, que no atinan a ayudar, sino que me empujan hacía atrás y no me permiten avanzar, mi futuro yo ya lo decidí, ¿Entonces por qué la duda? Hoy estoy mucho más segura que en abril del 2010 cuando deje la facultad de que eso no era para mi. Pero siento que algo me estoy perdiendo. ¿Será el aprender? A mí personalmente, me encanta adquirir sabiduría ajena, y hoy estaría en condiciones de echarle la culpa a José Pablo Feinmann, su cultura (Demostraba con creces ayer en el debate de 678) me dejó boquiabierta y con ganas de más, ¡Mucho más! ¿Será eso lo que me lleva a plantearme semejantes cosas? ¿O el simple hecho de que la política y la historia están tomando un lugar en mi vida que no me esperaba y me apasionan a tal punto de querer hablar e investigar todo el día? Las respuestas se amontonan como alumnos queriendo escapar al escuchar el timbre y solo me conformo con el silencio, ese silencio que dice más que mil palabras, que expresa más que mil sentimientos.
¿Qué voy a hacer? Ya lo decidí, simple.. Voy a escribir, mi eterno relajante natural.
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